lunes, 11 de febrero de 2008

SONRIE!



EL VALOR DE UNA SONRISA

No cuesta nada, pero crea mucho.
Enriquece a quienes reciben, sin empobrecer a quienes dan.
Ocurre en un abrir y cerrar de ojos, y su recuerdo dura a veces para siempre.
Nadie es tan rico que pueda pasarse sin ella, y nadie tan pobre que no pueda enriquecer por sus beneficios.
Crea la felicidad en el hogar, alienta la buena voluntad en los negocios y es la contraseña de los amigos.
Es descanso para los fatigados, luz para los decepcionados, sol para los tristes, y el mejor antídoto contra las preocupaciones.
Pero no puede ser comprada, pedida, prestada o robada, porque es algo que no rinde beneficio a nadie a menos que sea brindada espontánea y gratuitamente.
Y si en la extraordinaria afluencia de último momento de las compras de Navidad alguno de nuestros vendedores está demasiado cansado para darle una sonrisa, ¿podemos pedirle que nos deje usted una sonrisa suya?
Porque nadie necesita tanto una sonrisa como aquel a quien no le queda ninguna que dar.


Recuerdo la primera vez que leí "El valor de un Sonrisa" de Dale Carnegie, el texto formaba parte del libro "Plan de Vida y Otros Textos Inolvidables", que gane en 8vo curso después de haber escrito un ensayo sobre el Quijote.

Sonreír siempre me ha gustado, es parte de mí.

Recuerdo como cuando era mas pequeña descubrí el poder de una sonrisa.

Como Sor Encarnación, nuestra profesora de religión, que la mayoría de las veces tenia expresión un poco seria, no podía resistirse a un sonrisa de esta pequeña de ocho años, y la forma en que mostraba sus dientes en respuesta, me hacia sentir tanta satisfacción, al saber que era la culpable esta expresion.

Y así fue que empecé a contagiar sonrisas. Sonriéndoles a todos!, a las personas que caminan en el Conde, a los que van en los carros de al lado y los amigos de mi mamá del trabajo, a las doñitas que se sientan en el parque donde salgo a caminar, a los bebes, a los perros, a las personas a la entrada de la iglesia, a la directora del colegio, a el flaco, a Maria que se sienta del otro lado del salón de clases, a la Sor de la cafetería...

Y es que es difícil resistirse a una sonrisa. Que si hasta aquel chico tímido de mi aula, que la mayoría de tiempo anda sin expresión, no puede contenerla cuando alguno de mis compañeros sale con sus ocurrencias.

Una sonrisa sana, embellece, revoluciona, es el mejor accesorio. Puede cambiar el mundo, mejorar un día malo, y volver a uno bueno mucho mejor. Es sexy. Brinda paz, afecto, ternura, esperanza. Para darla o recibirla no se necesita, ni ser atlético, ni un genio, ni apuesto. No requiere ningún tipo de esfuerzo. Es señal de amor, amistad, comprensión. Muestra seguridad en una persona.

SONRIE! es mi frase predilecta. Las caritas felices me obsesionan y hasta forman parte de mi firma.

Y es que sonreir me hace hace sonreir. :-)